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Libertad de horarios, pa’ qué

comercioallimiteEl concepto de libertad de comercio que tienen algunas organizaciones empresariales está ya muy próximo a la noción liberticida e innata de determinados sindicatos de clase. Será que al pasar tanto tiempo juntos por las negociaciones de los arcaicos convenios colectivos y de otros nocivos pactos sociales, el mal, inoculado en otras épocas, recobra a la menor oportunidad toda su virulencia.

El pasado lunes leía en La Opinión unas declaraciones del presidente de FECOM (el acrónimo del tinglado empresarial podría ser otro, pero es ese), Antonio González, atacando la postura del consejero Pedro Alberto Cruz, que defendía la libertad de horarios comerciales. Lo normal, vamos, en el siglo XXI. El dirigente empresarial comentó:

«Pedro Alberto Cruz se excede en sus competencias, pues el horario de los comercios no es cosa suya, pero si lo que quiere es cargarse este sector lo que tiene que hacer es autorizar la libertad de horarios, algo que solo beneficiaría a las grandes superficies y que acabaría con el pequeño comercio. Lo que hay que hacer es defender los puestos de trabajo existentes».

Supongo que los horarios tampoco serán cosa suya y sí de quién regenta un negocio; a la vez que me imagino que no calcula los puestos de trabajo que está impidiendo con su posición retrógrada y liberticida. Anda que no hay verdaderos problemas que resolver antes, como son: los excesivos impuestos, las trabas comerciales, la dificultad de contratación, la burocracia, etc…

Por ejemplo. Pongamos por caso que mi sueño es montar un negocio para la venta de caniches al por menor en horario de madrugada y en fiestas de guardar. Mi fabuloso estudio de mercado me ha indicado que sería durante esas horas en las que mi clientela se vería con más predisposición a adquirir mi producto. Ya ven. Pues bien, mi supuesta federación empresarial, la que debe velar por mis intereses, la que tanto defiende los puestos de trabajo del pequeño comercio, me prohíbe cumplir con mi ansiado deseo y con los innumerables contratos laborales que estaba dispuesto a firmar… Libertad de horarios, pa’ qué… En fin.

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El Faro caliente

Hoy es uno de esos días que da gusto echarse a la cara un periódico regional. Como no existe por estos pagos la costumbre de apostar por las columnas con opinión e información de la taifa donde vivimos, cuando llega un día en la que confluyen más de una de buena calidad, te llega a sorprender. Hoy en El Faro aparecen dos a tener en cuenta.

La primera la de Martínez Abarca que nos habla de la opinión de Ramón Luis Valcárcel «sobre su flamante consejero de Kultur, Turismo y Descanso, Pedro Alberto Cruz». Escribe: «Respaldo total, pues, del presidente Valcárcel a su consejero de Kultur, contra lo que especulaban algunos. Porque cuando le dieron carta blanca para hacer y deshacer en la cultura de vanguardia (incluso la presunta cultura de vanguardia) fue con todas las consecuencias. Es evidente que es el consejero más libre. Puede hacer con su presupuesto prácticamente lo que él quiera, sin rendir cuentas más que las estrictamente formales. Es república independiente. Al presidente Valcárcel le divierten los «enfants» terribles. Quizás porque él mismo se siente uno de ellos.»

La segunda la de Juan Redondo que escribe sobre el ya famoso tema de la sucesión a Ramón Luis Valcarcel: «Para veteranos militantes y dirigentes de los populares murcianos, la fórmula estaría empezando a perfilarse. Miguel Ángel Cámara sería el sucesor, con Pedro Antonio Sánchez de secretario general y futuro delfín. En esta conjetura Cámara estaría al frente del Ejecutivo Regional, de ganar los populares los comicios, cumpliendo un sueño callado y dicen que merecido, con Sánchez como vicepresidente del Gobierno Regional. Con la formula quedaría pendiente el cabeza de lista al Ayuntamiento de Murcia, donde Maruja Pelegrín estaría bien situada, aunque como para las elecciones faltan aun dos años y medio, podrían con el tiempo surgir otros aspirantes como Goméz Fayrén o José Ballesta, según analizan estos veteranos observadores de los populares murcianos. Reconocen que aún queda mucho tiempo y que Valcárcel aún puede cambiar de opinión, como desea la gran mayoría, pero que en el caso contrario, la decisión sobre la sucesión no podría aplazarse a última hora y tendría que empezar a plantearse a partir del próximo otoño para concretarse en la primavera de 2010.»

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Idioteces

Por casualidad me he encontrado este especial elecciones USA que ha incorporado La Opinión de Murcia a su página web. Lo enlazo en la barra lateral porque merece la pena. Realmente buscaba el artículo de hoy de Angel Montiel, pero como siempre me he dado con la web en las narices. Hoy nos escribía sobre «La idiotez en las bellas artes».
Resulta que en Murcia, y gracias a la Consejería de Cultura, se va a desarrollar una especie de performance (o como coño se diga) bajo el comisariado de Nicolas Bourriaud que pretende, según él, «ver cómo los artistas toman prestados los métodos de la arqueología, en este caso la de la Región, y excavan en el mundo contemporáneo con la misma minuciosidad que los especialistas en civilizaciones desaparecidas». No voy a transcribirlo entero por falta de tiempo, pero voy a dejar tres perlas:
«No hay salida. Si denunciamos a esta panda como los impostores que son acabamos legitimando su supuesta radicalidad artística; si los aplaudimos, no hay duda de que después de cobrar se regocijarán de habernos tomado el pelo».
«La rebelión frente a lo establecido está pagada por lo establecido, y se supone que el público hemos de entenderlo como una ironía, como una complicidad secreta de la que participamos. El problema es que al público no se nos da nada -escombros y tonterías de guardería-, mientras los artistas se llevan en unas semanas los impuestos de cientos de trabajadores honrados. Y todo esto con luz y taquígrafos, con dobles páginas en los suplementos literarios de la prensa nacional -previa alimentación publicitaria- elaboradas por los colegas de los timadores que protagonizan esta chorrada -y carísima- carnavalada artística (hoy por ti, mañana por mí)».
«El comisario es el flautista que lleva tras de sí a esta camada de indocumentados bien retribuidos que aparecen por provincias a rapiñar el presupuesto público con la complicada (sic) de los gestores culturales. En otro caso, tendría piedad del consejero de Cultura, pero en éste, conociendo a Pedro Alberto Cruz -ante quien siempre me quito cincuenta veces el sombrero-, no puedo creer que haya apostado, estando sobrio, como es su costumbre, por esta tontería. Él, que va de liberal, y sin embargo ha venido a pagar con dinero público a una empresa de espectáculos artísticos perfectamente cosificados que viene a educarnos en la vaciedad y en las (sic) estulticia».