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José Manzano

Artículo publicado en el diario La Opinión el 09/06/2011

josemanzanolibroportadaSaavedra Fajardo, el político y escritor murciano más universal del siglo XVII, escribió, dos años más tarde de la primera publicación de su obra insigne,Idea de un príncipe político christiano respresentada en cien empresas, o como es más conocida casi desde el principio, Empresas políticas, un manuscrito —desaparecido para la historiografía durante más de tres siglos— titulado Carta de un holandés. En él, haciéndose pasar por un ciudadano de aquel país, pretendió persuadir a los regentes holandeses de la necesidad de firmar una tregua con España y la inconveniencia y el peligro de apoyar a Francia en su intento de ocupar las provincias vecinas fieles a la monarquía española.

Más de cuatro siglos y medio después, otro holandés de nacimiento —éste real y no ficticio— pero afincado en Murcia desde hace mucho tiempo, nos muestra su particular visión de la situación política española por medio de la biografía de José Manzano Aldeguer, empresario y alcalde de Beniel durante el período 1983-2001.

En efecto, Govert Westerveld, el autor de este libro, es un antiguo damista, cronista oficial de Blanca, hispanista e investigador de ajedrez, damas, de La Celestina y de la Segunda República Española, y académico correspondiente de la Real Academia Alfonso X El Sabio de Murcia. Preocupado por la descomposición, la deriva corrupta y la pérdida paulatina de la ética y la moral en la mayoría de los políticos españoles con las que se inició la democracia en España, ha escrito un libro donde nos describe la figura de José Manzano como un «verdadero espejo en el que deberían mirarse las nuevas generaciones de jóvenes, en cuya responsabilidad recaerá el futuro devenir de nuestra sociedad», tal y como le apuntó Ángel Alcalá, profesor emérito de la Universidad de Nueva York y fundador del Partido Popular en Estados Unidos, tras la lectura de este libro.

Pepe Manzano, como siempre ha sido conocido entre los suyos, aparte de su labor emprendedora al frente de su negocio, gobernó el municipio de Beniel durante dieciocho años bajo las siglas de Alianza Popular primero, y Partido Popular, después; los doce primeros bajo un Gobierno regional socialista y los seis últimos con uno popular. Fue un alcalde vocacional, de los que ya no existen; no cobró por ejercer el cargo y los primeros ocho años ni siquiera el kilometraje. El pueblo de Beniel experimentó un cambio radical tras sus mandatos y fue incrementando paulatinamente el respaldo de sus conciudadanos tras cada legislatura.

Su condición de empresario, junto con su pericia mercantil, le llevó a gestionar un municipio con escasos recursos públicos, sobre todo en su primera etapa, pero con excelentes resultados en la transformación y el progreso del pueblo con el paso de los años. Como bien explica él mismo en el prefacio del libro, «fue debido a que se aprovecharon muy bien las limitadas ayudas externas, nuestras empresas invirtieron y la población activa vivía ilusionada por trabajo estable».

La constancia, el trabajo bien hecho, la eficacia, el orden, la seguridad, el respeto a la ley y, en definitiva, la honradez y la sinceridad en la gestión, conlleva inmediatamente la atracción de inversiones privadas, el fomento de la empresarialidad y la creación de puestos de trabajo con el consiguiente progreso del individuo en cualquier ámbito geográfico del que hablemos: municipio, región o país. Como bien dice en uno de sus tres escolios al principio del libro: «De cada cien personas que conozco, sólo una es capaz de crear empleo para los demás. Si le quitamos el estímulo, no sólo atentamos contra nosotros mismos, sino que lo hacemos contra las futuras generaciones».

Mas no le faltaron obstáculos y adversidades de toda índole. Aparte de ser una isla de la derecha murciana en el panorama electoral de la Región dominado por el Partido Socialista en los primeros años, sufrió la inquina habitual de la izquierda cuando no gobierna en democracia cada cierto tiempo —o mejor dicho, cuando no gobierna— y fue llevado, con la colaboración de un grupúsculo de disidentes de su propio partido en algunas casos —lo de Churchill, ya se sabe, adversarios, enemigos, etc…—, tantas veces a los tribunales como tantas salió victorioso de ellos. Aunque sus momentos más difíciles fueron, sin duda, cuando padeció y gestionó de forma eficaz junto a su pueblo varias inundaciones por las crecidas del río Segura, siendo la más grave la de 1987.

Orgulloso por ser de derechas, demócrata convencido, liberal en lo económico («si más del 80% del trabajo que se genera en España lo mantiene la iniciativa privada, menos del 20% lo promueve la gestión pública. Siendo esto así, que lo es ¿por qué una minoría impone criterios a una mayoría») y conservador por creencias y convicción, se ha granjeado con el paso de los años, y parafraseando a Ramón Luis Valcárcelque escribe el prólogo del libro, «el reconocimiento (…) hacia su persona, hacia su bondad y claro concepto de la familia, de la lealtad y de los muchos valores que ejemplifica».

Govert Westerveld, dada su condición de historiador y de cronista oficial, hace un ejercicio exhaustivo, junto a la biografía personal y política de nuestro protagonista, de la historia de Beniel de la segunda mitad del siglo XX. Por ello es, además, un libro imprescindible para los investigadores de la historia de la Región de Murcia y de las particularidades de uno de sus municipios. La edición del libro cuenta con numerosas fotos de la vida de Manzano y con no menos viñetas del siempre genial Álvaro Peña, aparte de anexos diversos de otros autores y escritos del biografiado.

Govert WesterveldUn ejemplo para España: José Manzano Aldeguer, Alcalde de Beniel (Murcia) 1983-2001, Murcia, 470.

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Dédalo

Dédalo

Publicado por Manolo Marín
  

rubalcabaEstán “los miles de dedazos” (sic) de los compañeros de Rubalcaba, el dedo de Aznar, el frigodedo, el dedo meñique, los dedos de Richard Clayderman y de Mari Cruz Soriano, el de su marido y alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch; el dedo pulgar, el dedal, el dedo de Dios, los dedos que teclean este dédalo trivial, el dedo de Rocco SiffrediMargarita Seisdedos, el dedico de Nerón; el anular, el dedo gordo, él del gordo, el dedo fino, los dedos de los pies. Los dedos de quién no firma el desalojo de los acampados en las plazas públicas, el dedo recriminatorio, el dedo todopoderoso de Rubalcaba designándose sucesor, los dedos cansados de los que votan y de los que no; los dedicos de Alberto, el portero del Real Murcia; el dedo índice, los dedos de la victoria, los traicionados de la Chacón, los de ponte gafas, los felones e ineptos de ZP; el hormigueo en los dedos de las manos, las cosquillas en los dedos de los pies. Mi dedo corazón que enseño a los que nos engañan y manipulan, el chasquido de los dedos, el “no” con el dedo, el dedo en el gatillo de los asesinos de la ETA, el dedo en la ceja, los dedos de quién se la coge con papel de fumar. La Peineta y el Vicente Calderón, los dedos que acarician, el dedo inquisidor, los dedos que enchufan, los metidos en el enchufe, los dedos del mago… Dedazos. Dédalo. En fin.

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La liquidez y la solvencia

cds

Han ocurrido tantas cosas en lo político en estos días de asueto bloguero que se necesitarían varias entradas para ir comentándolas. Irán surgiendo, supongo. Lo único que sigue en boca de todos –y lo que te rondaré, Zetapé- es lo económico. Muchos, que hace no demasiado tiempo ponían a parir a los mercados por poner a la deuda española en la picota del rescate, como si hubiera un comando de malhechores que tuviera entre ceja y ceja “al de la ceja”, los miran ahora con otros ojos. Numerosos analistas económicos dependen del color del cristal político con el que miran y la curva de la gráfica hacia donde tienda a corto plazo….

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