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El adiós de Esperanza Aguirre

Soy de los que tampoco me creo que Esperanza Aguirre haya dimitido por una enfermedad. Su marcha me parece una noticia terrible para los madrileños, para los españoles y para los que amamos la libertad. Lo que le faltaba a España.

La tuvieron que sujetar los médicos cuando fue tratada de un cáncer para que no se abofeteara con sus oponentes políticos durante su convalecencia. Para ella un cáncer no fue suficiente.

Ha demostrado a lo largo de su trayectoria política que es capaz de ganar a quién se pusiera por delante, no sólo con una dialéctica arrolladora plagada de argumentos, sino con hechos que han terminado casi siempre por darle la razón. Y siempre con el liberalismo por montera. Nunca le pudieron derrotar sus adversarios políticos, aunque sí huele a que al final lo han conseguido sus enemigos…(«En la vida hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido (Winston Churchill, 1874-1965) .

En efecto se va una gran mujer y una política excepcional en todos los sentidos. Es paradójico que en estos momentos difíciles por los que atravesamos, en vez de que presidan los mejores, reinen los peores; es paradójico que se estén marchando los valientes, los que tienen principios, los brillantes o los que tienen capacidad de liderazgo. Ay, Manuel Pizarro, María San Gil, Ortega Lara… Y ahora, Esperanza.

No ha sido perfecta, pero es lo más cercano a un político que ha llegado a los puestos de responsabilidad nacional más altos sabiendo lo que es el liberalismo. Política de pico y pala. Para los que duden de su valía decirles que, entre otras cosas y por quedarme con lo último, ha presidido el despertar económico de la Comunidad de Madrid bajando impuestos y reduciendo el tamaño de la Administración. Pese a ello la mayoría de la casta sigue despreciando estas recetas. Esta vez, como han escrito, sí parece que se ha resignado, aunque yo estoy convencido que no será por mucho tiempo. O eso espero. En fin.

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Valcárcel con Esperanza Aguirre

Ramón Luis Valcárcel, al igual que la presidenta de la comunidad de Madrid, ha insistido en la necesidad de bajar los impuestos para activar el consumo y dinamizar la economía. Aseguró que «es necesario realizar rebajas fiscales para activar el consumo y dinamizar la economía», ya que, para superar la crisis, «hay que ser muy responsable y racional en la aplicación de los recursos públicos».

Según indica la nota de la Comunidad:

«La aplicación de rebajas fiscales ha sido una fórmula aplicada por los gobiernos del Partido Popular a partir de 1996, y en los sucesivos años, que permitió, según el presidente de la Comunidad, que «España se convirtiese en esa época en una gran potencia económica», aunque hoy, por el contrario, «las recetas de Zapatero nos está llevando al efecto contrario de una posible reactivación económica».

Valcárcel recordó que, en la Región de Murcia, al igual que en otras comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular, «hemos decidido hacer lo que se hizo en los gobiernos de Aznar, y de esta forma posibilitar la dinamización económica».

Todo lo contrario a lo dispuesto por aquellas comunidades gobernadas por el PSOE, que han optado directamente por seguir las directrices del Gobierno Central y estos «les va a llevar por muy mal camino», remarcó el jefe del Ejecutivo regional.

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La crisis del PP con Cajamadrid en un párrafo

«Y, por último, a Aguirre la ha vuelto a presentar como la mala que quiere a toda costa el poder, la que se opone a Rajoy, la que anhela controlar Cajamadrid. O sea, la ha vestido de Gallardón, son la doctora Jekyll y Mr. Hide. Desactivado Rato, pretende que Rajoy se cargue a Aguirre y quedar sólo él como salvador tras el próximo fracaso de Rajoy. Un plan para el que cuenta con Prisa. Entregado Zapatero a Roures, el hombre de Cebrián es Gallardón. Se necesitan. Sin embargo, Aguirre no pretende más que lo que cualquier otro presidente autonómico: mandar en las instituciones financieras arraigadas e inversoras en sus comunidades, esencial en una España que ya no existe, y en la que cada taifa tiene que apañárselas como pueda. O rehacer un Estado que con ZP es un botín nacionalista. A los pobres no nos quedan ya más que nuestras cajicas. ¿Qué ha hecho, si no, Valcárcel? ¿Que Carlos Egea gobierna Cajamurcia y que seguramente la presidencia contará con su beneplácito? Claro. Pero es que no hay muchos Carlos Egea. Y lo que es obvio, y antecedentes hay, es que no se puede presidir una de las cajas murcianas contra Valcárcel. No hay política económica regional sin las cajas. Ni en Murcia ni en Madrid. ¿Alguien imagina que al presidente de Cajamurcia lo nombrara Rajoy? No está haciendo Aguirre nada extraño, pues, nada que no hayan hecho Chaves, Barreda, los catalinos, Camps… más allá de que Esperanza constituya para mucha gente la única alternativa capaz de dar puntilla a Rodríguez. Y por eso la odian dentro, pero sobre todo fuera, en el PSOE. Porque la temen.

Lo escribe Javier Orrico hoy en La Opinión

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Esperanza

Hay quienes se han postulado en las cúpulas de los partidos por defender durante toda su vida política unas ideas y unos principios básicos, y hay quienes tan sólo se han postulado por ser unos especialistas en el manejo de los vericuetos internos de los partidos que los han ascendido a posiciones, que en condiciones democráticas normales, jamás hubieran soñado.

El Partido Popular es un gran partido. Y es un partido en el que caben todos los que creen en la libertad como centro y motor de la vida política y todos los que creen que España es una gran Nación de ciudadanos libres e iguales. Con esos dos principios bien arraigados, estoy convencida de que podemos convocar a una mayoría de españoles. Porque la opción liberal, que consiste en confiar en los ciudadanos, en sus iniciativas, en sus energías, en su creatividad y en su indiscutible afán de prosperar, es la mejor solución para los problemas de los españoles. Y esa opción liberal sólo la ofrece el Partido Popular.

Libertaddigital ha colgado el discurso íntegro de Esperanza Aguirre en el foro de ABC. Voy a abrir un página para transcribirlo y para que quede como consulta a aquellos que consideren que la defensa de la libertad y de la Nación es una posición retrógrada que hay que abandonar para acercarse al centro de la nada. Hay quién defiende los principios y las ideas porque cree en ellas y los hay que se agarran a ellas por estar o intentar estar en el poder. Una diferencia considerable.

No me resigno a dejar de denunciar el sectarismo del Pacto del Tinell y la actitud profundamente antidemocrática del PSOE cuya política tiene, desde las Elecciones Vascas de 2001, como único objetivo estigmatizar a nuestro Partido y a sus militantes, simpatizantes y votantes. No me resigno a que nos arrinconen y nos hagan aparecer como enemigos de los homosexuales, cuando no tenemos ninguna tacha de homofobia en nuestra historia. No me resigno a que nos etiqueten de anticatalanes cuando somos el único partido que de verdad defiende a los ciudadanos de Cataluña, y no utiliza las legítimas aspiraciones de fomento de la lengua y la cultura catalanas para buscar el poder. No me resigno a que la política internacional de los socialistas haya llevado a España a la tercera división europea. No me resigno a que, con un porcentaje ínfimo de votos, los nacionalistas acaben dictando la política española. No me resigno a que el Partido Popular no dé las batallas ideológicas y sea capaz de ganárselas a los socialistas. No me resigno a que los gobiernos del Partido Popular sean una excepción en la democracia española. No me resigno a que para que gane el Partido Popular los votos de la izquierda tengan que dividirse o que la participación sea muy baja. No me resigno a que tengamos que parecernos al PSOE para aparentar un centrismo o una modernidad, que ya están en las bases de nuestras convicciones y nuestros principios políticos y no en los de ellos, como he señalado.

Soraya, recién nombrada, hablaba de aparentar un centrismo, de abandonar la imagen que ellos consideran que le ha perjudicado en las pasadas elecciones. Y yo no puedo estar más en desacuerdo. Todas estas gilipolleces de arriolas, elorriagas, gallardones y sorayas son las que me hacen ir contra ellos. Es el discurso de Esperanza Aguirre y lo que ella representa, por el contrario, lo que hace que me posicione, desde fuera del partido, a favor de una renovación de abajo a arriba en el PP. Porque a mi me da igual las personas; me importan más las ideas y principios que ellas representan. Me da igual que sean jóvenes, altas o bajas, con experiencia o sin ella; que sean más mujeres que hombres o más hombres que mujeres. Lo importante es que aquellos que están en la cúpula de un partido representen a las bases, que son los que de verdad se han partido la cara durante la pasada legislatura por defender al PP de los continuos ataques de la izquierda.