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¿Papel higiénico o patria?

1475872_10152040137785275_147378804_aPILAR RODRÍGUEZ LOSANTOS Y decidme, con total sinceridad y por favor, ¿qué podemos hacer nosotros para ayudaros? Sea lo que sea lo haremos». Hace apenas cuatro meses el expresidente de México Felipe Calderón pronunciaba estas palabras en la sierra de Guadarrama durante la celebración del campus de verano FAES.En ese momento él era un mero oyente de una mesa redonda compuesta por autoridades políticas y periodísticas de tres países sudamericanos diferentes. Por un lado el moderador, Álvaro Vargas Llosa, contaba brevemente su implicación en la caída del régimen de Fujimori en Perú. También participaba Carlos Pagni, columnista del diario La Nación de Argentina, que hacía un análisis transversal de cómo Cristina Fernández de Kirchner había conseguido reavivar la llama de Evita entre los nostálgicos peronistas a costa del paro y la inflación. A ellos dos se unían los verdaderos protagonistas de este artículo: Julio Borges y María Corinna Machado, diputados de Primero Justicia, partido de Henrique Capriles, principal grupo de la oposición en la Asamblea Nacional de Venezuela.La historia de cada uno de ellos merece un trato pormenorizado. En el caso de Borges, coordinador nacional de Primero Justicia, su imagen dio la vuelta al mundo tras recibir una paliza por parte de diputados oficialistas, en medio de una sesión plenaria, por negarse a reconocer a Nicolás Maduro como presidente. Golpes que le dejaron hematomas de gravedad en el rostro. María Corinna Machado, por su parte, lleva años siendo la eterna candidata a la sucesión de Capriles y, por tanto, foco principal del oficialismo. Por poner un ejemplo, sus comunicaciones llevan intervenidas de forma pública por el Gobierno desde hace más de dos años. Sí, han leído bien. De forma pública. Es decir, cada vez que la Administración chavista lo considera oportuno, reproduce sus conversaciones privadas en Venezolana de Televisión, la televisión pública del país.Estos dos diputados narraron en Madrid con todo lujo de detalles cómo era la vida en Venezuela. Contaron, con datos reales y contrastables, cómo su país, siendo una de las primeras potencias a nivel de recursos petrolíferos del mundo, tenía un inmenso déficit público derivado de la cesión gratuita del crudo a Cuba como medio de ‘mantenimiento de la hermandad’ entre ambos países. Contaron cómo la inflación había llegado a tales extremos que el abastecimiento de productos básicos era prácticamente una odisea, hasta el punto de agotar las existencias de papel higiénico.

Contaron cómo Maduro les contestó en la Asamblea Nacional que entre ceder al capitalismo y tener papel higiénico, o mantener el socialismo y tener Patria, se quedaban con la Patria. Contaron cómo Capriles era detenido cada seis meses por delitos arbitrarios que se le imputaban sin criterio alguno. Contaron cómo el ministerio del Interior mandaba cartas diciendo que doblaría el sueldo a determinados funcionarios si votaban a Maduro. Y mil anécdotas más como éstas.

Lo más curioso de sus intervenciones fue que ninguno de los asistentes a esa mesa redonda parecíamos desconcertados con lo que contaban. Es más, diría que todos asentíamos con rabia e indignación, pero ninguno con sorpresa. Los españoles, en su mayoría jóvenes menores de treinta años, nos preguntábamos cómo podía ser que, sabiendo el desastre a nivel de gestión gubernamental y, lo que es más importante, el más que probable fraude electoral, no hubiera habido reacción alguna por parte de una potencia internacional con un peso tan importante como el de España.

La respuesta a tal pregunta es, en realidad, muy sencilla: la opinión pública. Por muy triste, injusto y hasta absurdo que nos parezca, la guerra de los medios y la confrontación la ha ganado el chavismo. Día tras día, mientras en Venezuela se pelean por poder comprar un litro de leche, maestros, profesores y catedráticos universitarios se dedican a defender dentro y fuera de las aulas las bondades de la revolución bolivariana. Día tras día, mientras en las calles de Caracas aparecen carteles que rezan «Reconócelos. La trilogía del mal. Te quitan la luz. Te quitan la comida. Te quitan la paz. Basta de violencia» sobre la cara de Capriles, Borges y Machado, en España decenas de tertulianos nos cuentan el deseable grado de libertad y estabilidad política y social que se ha conseguido gracias al chavismo. Día tras día, mientras en Venezuela conviven con un presidente ilegítimo elegido por un más que probable fraude electoral, grupos políticos españoles alardean en las calles de que a lo nuestro lo llaman democracia y no lo es, pero que lo suyo es la democracia real a la que debemos aspirar.

En julio de 2013, Felipe Calderón le preguntaba a María Corinna Machado y Julio Borges qué podíamos hacer los extranjeros por la causa disidente venezolana. Ellos contestaron que lo único que necesitaban era que fuéramos capaces de escuchar su historia y hacérsela saber a todo el que quisiera escucharla. Y nosotros, desde Ciudadanos para el Progreso, tal vez porque preferimos el papel higiénico a la Patria, se la contamos.

murcialiberal.es

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